domingo, 15 de noviembre de 2015

Del terror

Llego tarde. Realmente tarde. El horror me dejó muda el viernes y el sábado, y el domingo ha sido una reunión familiar la que me ha mantenido alejada del blog y me ha dejado un poco más de tiempo para pensar. Aunque siga sin saber qué decir.

El viernes por la noche, la ciudad del amor se desangró a través de una sala de conciertos, un estadio de fútbol y varios restaurantes. Hombres, mujeres, estudiantes, trabajadores, de izquierdas, de derechas, del PSG, del Olympique, ateos, cristianos y musulmanes. 131 mientras escribo estas líneas. El viernes me quedé dormida pensando en el miedo y el sábado me desperté temprano y tardé unos minutos en revivir la intensidad de lo que había sucedido horas antes.

La segunda peor consecuencia de esta tragedia es la ignorancia y el odio. Decía Elena Alfaro en su blog (en este fantástico texto) que tenemos miedo a que la barbarie nos convierta en bárbaros. La incertidumbre juega con nosotros a placer y lo hace con ventaja: la ventaja del terror que nos tiene paralizados desde el viernes sobre las diez y media de la noche. Es éste un caldo de cultivo ideal para que individuos anclados en el siglo XV se dediquen a demonizar a refugiados, a confundir terrorismo con religión, a pedir el cierre de las fronteras europeas a cualquiera procedente de Oriente Próximo y Medio y a predicar el mensaje del odio.

No pasaría nada si esto fuera aislado. Si fuera un imbécil racista sin más, que ya sabemos que hay días tontos y tontos todos los días. Pero no. Estas publicaciones tienen miles de 'shares' y me gustas en Facebook, difusión en Twitter (aunque menos) y eco en ciertos medios de comunicación. Les acompañan comentarios llenos de miedo y de revanchismo. Pero el odio va dirigido a niñas con hijab y a familias que huyen de la guerra.

Retuiteaba yo el viernes que cada vez es más necesario hacer frente común entre los que no queremos matarnos los unos a los otros. A eso añadiría que es necesaria educación. No de la del por favor y el gracias. Hablo de que los hijos de mi generación crezcan sintiéndose ciudadanos de un continente y un país del que estar orgullosos, pero también sabiendo que las fronteras son difusas y que los nacionalismos ya tienen poco sentido. Que las religiones hablan de paz y convivencia, y que es necesario el diálogo. Que valoren su educación y que sepan informarse sin mediaciones externas, llegando a cada detalle que sea necesario conocer para comprender la realidad. Y que los medios de comunicación sepan estar a la altura de las generaciones que vienen.

Ojalá que, igual que nuestros abuelos deseaban que no conociéramos la posguerra y nuestros padres imaginaban un mundo sin ETA para nosotros, ellos no tengan que vivir en el horror de un mundo sectario y triste.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Aprendiendo

Los primeros cinco días en EFE han sido intensos. Descontando el miércoles, que pasé con el resto de becarios de EFE en la bienvenida institucional a la agencia, no he parado quieta durante mis jornadas laborales. He estado en el Museo Thyssen, en la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones, en las sedes de CCOO y UGT, en el Colegio de Arquitectos, en la Biblioteca Nacional, en el Círculo de Bellas Artes con Alfonso Guerra y en la presentación oficial de Unidad Popular con Alberto Garzón. Micrófono arriba, cámara abajo, con un compañero becario y un cámara, absorbiendo conocimientos nuevos cual esponja.

Una vez más, el tiempo me ha vuelto a quitar la razón; rectifico para decir que estar en EFE TV me gusta mucho. Pensaba que, después de hacer la entrevista y dejar claro que lo que más me interesaba era la política... vaya, que iría directa a política. O a internacional. O, si me apuras, economía o tribunales. Algo que me mantuviese pegada a la actualidad. Cuando leí "televisión" en el e-mail de bienvenida a la agencia, se me cayó el alma a los pies imaginando mis mañanas encerrada en una oficina editando y montando. Pero hasta el momento sólo he pisado la redacción en ratos sueltos, tras andar por Madrid grabando, para (esta vez sí) aprender a volcar el material de la cámara y a editarlo.

También esta semana he tenido muchas primeras veces periodísticas: mi primer minutado en directo, mi primera rueda de prensa, mi primera pregunta al grabar un canutazo, mi primer desayuno informativo, mi primera acreditación de prensa... Sienta muy bien saber que estoy llegando a esos 'milestones' importantes como periodista, pero aún mejor saber que son los primeros de muchos.

Además, así es más reconfortante estar cansada cuando llega la hora de irse a dormir.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Aquel noviembre

Esta semana se cumplen dos años de muchas cosas. Por estos días en el año 2013 creé la petición para luchar por la financiación de las becas Erasmus después de que Wert nos quitara la mitad de la beca a los no beneficiarios de la beca general. Antes he hecho un breve repaso en Twitter y en mi blog del Erasmus ya conté con pelos y señales cómo fueron aquellos tres días de principios de noviembre de 2015 (la chispala explosión y la visita). Además, esos posts tienen la ventaja de la cercanía temporal. Me alegro muchísimo de haberlos escrito en su momento porque ahora me descubro a mí misma olvidando detalles y momentos que entonces sentía como vitales y, por supuesto, inolvidables. Ja, ja...

La perspectiva que da el paso del tiempo me ha hecho querer escribir este pequeño texto para pensar en el giro que ha dado mi vida desde entonces. Para muchas cosas, aquello fue cómo encender una mecha que me abrió el camino de muchísimas experiencias. Con ello vino lo de los 100 de El País Semanal, la bizarrísima (por inesperada, ojo, que la disfruté muchísimo) sesión de fotos de SModa, conocer al equipazo de personas maravillosas que tiene Change y a otros lanzadores de peticiones que me han enseñado tanto sobre tantos temas... si me apuráis, hasta mis cinco meses en Alemania fueron un poquito más especiales, si cabe. Y aquí entro en el terreno de la especulación, pero no sé si estaría en la beca de La Caixa de no ser por ese puntito añadido que tiene la petición.

Ya durante el fin de semana escribiré algo contando las cosas que he aprendido en mi primera semana en EFE, pero os adelante que hoy he sostenido un micrófono para grabar un canutazo de Alfonso Guerra y he hecho una pregunta por primera vez. El desenlace no es relevante (sí, ha ido mal porque no me ha contestado del todo, pero ha sido culpa mía. Aprenderé), pero vuelvo al tema de la perspectiva para contaros que yo hace dos años no me imaginaba sosteniendo un micro y trabajando de periodista hasta dentro de muchos, muchos años. Pensaba en mi Erasmus, que era lo que realmente estaba a la vuelta de la esquina. Y volví de Alemania optimista, con ganas de empezar cuarto de carrera y comerme el mundo en unas prácticas interesantes. Idealizaba mis tres meses de prácticas pensando que haría cosas interesantes, que aprendería sobre el periodismo de verdad.

Cuando acabé mis tres meses en Europa Press y rechacé la renovación porque mi trabajo era tedioso hasta decir basta... ahí sí que empecé a plantearme que tal vez tardaría mucho en descubrir lo que era ser periodista. Y llegó EFE y en una semana me ha cambiado los esquemas. Ahora tengo mis próximos dieciocho meses bien definidos, un sueldo y unas perspectivas que seguramente no cambien demasiado. En principio.

Así que no sé qué escribiré dentro de otros dos años, cuando mi beca de La Caixa haya llegado su fin y tenga otra experiencia internacional en la mochila. Ya os lo contaré entonces, supongo.

Canción para cerrar el día:  

martes, 3 de noviembre de 2015

Agotamiento y reflexiones

Todo el día de hoy he estado rumiando escribir una entrada sobre los dos primeros días de aprendizaje intenso en EFE. Volviendo a casa, sin embargo, estaba escuchando una de mis canciones favoritas mientras pensaba en lo increíblemente largo que ha sido el día y he pensado que mejor os lo cuento. El día, digo. Así un poco breve, para dar tiempo a una reflexión antes de que me quede dormida sobre las teclas.

El despertador ha sonado a las siete y media de la mañana. Ducha, desayuno en el cual me he olvidado el café en el microondas y corriendo para recorrer la línea 9 de sur a norte en un metro que no vuela ni tiene visos de hacerlo pronto. Llegada a EFE para mi segundo día de ser una esponja y absorber todo lo que sucede a mi alrededor. Hay imágenes durísimas de la guardia costera griega de un rescate de hace unos días. Parece que ha sido buena idea no tener mucho en el estómago para ver cosas así. Apenas hemos acabado de seleccionar los brutos para hacer una pieza cuando toca salir pitando hacia las sedes de CCOO y UGT para que sus representantes nos cuenten lo que le parecen los datos del paro (que, por cierto, ha subido). Después de los sindicatos, lo que parecía una rueda de prensa cortita en el Colegio de Abogados de Madrid para presentar un ránking de empleabilidad según las universidades se ha transformado en dos horas y pico de una presentación de la que, literalmente, nos han interesado los cuatro minutos en los que han contado el ránking. A mitad de evento llama EFE. Que necesitan las declaraciones de sindicatos tal que ya. Corriendo otra vez hacia la avenida de Burgos. Pasamos contenidos, mi jornada laboral ha acabado hace ya un rato y por fin vuelvo a la línea 9 para llegar a casa. Como sola porque ya no son horas de que nadie me esté esperando. Me echo una siesta de quince minutos que me sabe a gloria, cambio de mochila y tiro en coche para la radio. Hacemos un programa estupendo con entrevista a una iniciativa solidaria, hablando de la paradoja de Fermi (¡mi parte!) y aprendiendo sobre Manuela Malasaña. En un día normal, después de la hora de radio me voy a dos (horas) de clase de alemán. Pero hoy era la fiesta del cine y era de recibo olvidarme de ese idioma del demonio durante un día y ver una peli. Así que, después de cuarenta minutazos de atasco, el equipo de Jarra y Siete casi al completo ha visto 'Mi gran noche', la nueva de Álex de la Iglesia, que es una locura preciosa sobre el oficio de hacer tele. Otro rato de coche y estoy en casa, donde me he dejado caer cuan larga soy en un sillón para, por fin, ver a uno de los potenciales presidentes del Gobierno hablar con unas hormigas por la tele y poder apretar mi botón de OFF. 

Y ya. Todo esto viene a que volviendo a casa a eso de las once de la noche, que es el momento más bonito del día para los habitantes (¿conductantes?) de la M-40, ha sonado esto en el CD del coche.


Es una de mis canciones favoritas de mi grupo favorito. Sé que, en su conjunto, la letra no tiene el sentido que yo he querido darle. Pero me gusta ese "don't let it break your heart" porque sin el resto de la canción no sabes lo que es el '"it". No sabes qué o quién está intentando rompértelo. Puede ser un amor frustrado, un trabajo monótono o una mezcla de muchas cosas. Para mí, hoy era el agotamiento. La sensación de que a las cuatro de la tarde ya se me caía el mundo encima de lo cansada que estaba. Y sí, seré una floja, pero llevo mucho tiempo alejada del mundo laboral y el cambio de rutina es duro.

Pero la gracia de esta canción es que la misma letra dice "even in your rains and shadows". Que incluso en los días de lluvia como hoy, o en los que todo lo veo negro... sigue gustándome lo que hago. Que me ha costado salir de la manta para ir a EFE, pero llevo sólo dos días y ya me encanta lo que estoy haciendo. Que después de comer me da una pereza inmensa salir hacia la radio, pero esa hora en las ondas no la cambio por nada. Y que estaré agotada, pero qué realizada y feliz me voy a sentir hoy cuando entre en el nórdico. 

Que, si me disculpáis, va a ser ya. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Comienzos.

Está visto que me gusta empezar blogs cuando etapas interesantes de mi vida están a punto de comenzar. Ésta es la tercera vez que me abro un hueco en el mundo de las bitácoras: la primera fue en mi segundo de Bachillerato (blog que no enlazaré por aquello de que aun me queda amor propio, pero que fue muy interesante y enriquecedor en su momento) y la segunda fueron mis queridas Crónicas Hamburguesas, un relato de mi vida en Alemania durante los primeros meses de 2014, en mi Erasmus.

Aquellos blogs tenían un carácter bastante temporal (creo que si algo daba a entender el título del blog del Erasmus es que las aventuras hamburguesas se iban a acabar cuando volviese a Madrid) y en momentos puntuales entre ambas experiencias me he sentido con la necesidad de tener un blog para extenderme más que en Twitter, pero en una plataforma más adecuada que Facebook.

Este blog comienza por una etapa interesante de la que hablaré en el párrafo que viene, pero también quiero mantenerlo cuando acabe, al menos hasta que se apague la llamita bloguera que a mí se me enciende de vez en cuando. Por eso el nombre es mucho más personal y no hace referencia a la etapa en concreto, sino que pretende durar más allá.

Ahora sí: la etapa que hoy he comenzado es una beca de La Caixa gracias a la que estaré los próximos nueve meses en la agencia EFE en Madrid y otros nueve meses en alguna otra delegación de EFE del mundo a partir de octubre/noviembre de 2016. La mayoría de los que me leéis sabéis que he estudiado Periodismo y Comunicación Audiovisual - uso el presente perfecto como si fuera una flamante graduada, pero lo cierto es que aun me quedan unos meses para el final - así que trabajar por primera vez en un medio de comunicación es un paso de gigante. Y merece la pena contarlo, eso y todo lo que venga de su mano.