martes, 3 de noviembre de 2015

Agotamiento y reflexiones

Todo el día de hoy he estado rumiando escribir una entrada sobre los dos primeros días de aprendizaje intenso en EFE. Volviendo a casa, sin embargo, estaba escuchando una de mis canciones favoritas mientras pensaba en lo increíblemente largo que ha sido el día y he pensado que mejor os lo cuento. El día, digo. Así un poco breve, para dar tiempo a una reflexión antes de que me quede dormida sobre las teclas.

El despertador ha sonado a las siete y media de la mañana. Ducha, desayuno en el cual me he olvidado el café en el microondas y corriendo para recorrer la línea 9 de sur a norte en un metro que no vuela ni tiene visos de hacerlo pronto. Llegada a EFE para mi segundo día de ser una esponja y absorber todo lo que sucede a mi alrededor. Hay imágenes durísimas de la guardia costera griega de un rescate de hace unos días. Parece que ha sido buena idea no tener mucho en el estómago para ver cosas así. Apenas hemos acabado de seleccionar los brutos para hacer una pieza cuando toca salir pitando hacia las sedes de CCOO y UGT para que sus representantes nos cuenten lo que le parecen los datos del paro (que, por cierto, ha subido). Después de los sindicatos, lo que parecía una rueda de prensa cortita en el Colegio de Abogados de Madrid para presentar un ránking de empleabilidad según las universidades se ha transformado en dos horas y pico de una presentación de la que, literalmente, nos han interesado los cuatro minutos en los que han contado el ránking. A mitad de evento llama EFE. Que necesitan las declaraciones de sindicatos tal que ya. Corriendo otra vez hacia la avenida de Burgos. Pasamos contenidos, mi jornada laboral ha acabado hace ya un rato y por fin vuelvo a la línea 9 para llegar a casa. Como sola porque ya no son horas de que nadie me esté esperando. Me echo una siesta de quince minutos que me sabe a gloria, cambio de mochila y tiro en coche para la radio. Hacemos un programa estupendo con entrevista a una iniciativa solidaria, hablando de la paradoja de Fermi (¡mi parte!) y aprendiendo sobre Manuela Malasaña. En un día normal, después de la hora de radio me voy a dos (horas) de clase de alemán. Pero hoy era la fiesta del cine y era de recibo olvidarme de ese idioma del demonio durante un día y ver una peli. Así que, después de cuarenta minutazos de atasco, el equipo de Jarra y Siete casi al completo ha visto 'Mi gran noche', la nueva de Álex de la Iglesia, que es una locura preciosa sobre el oficio de hacer tele. Otro rato de coche y estoy en casa, donde me he dejado caer cuan larga soy en un sillón para, por fin, ver a uno de los potenciales presidentes del Gobierno hablar con unas hormigas por la tele y poder apretar mi botón de OFF. 

Y ya. Todo esto viene a que volviendo a casa a eso de las once de la noche, que es el momento más bonito del día para los habitantes (¿conductantes?) de la M-40, ha sonado esto en el CD del coche.


Es una de mis canciones favoritas de mi grupo favorito. Sé que, en su conjunto, la letra no tiene el sentido que yo he querido darle. Pero me gusta ese "don't let it break your heart" porque sin el resto de la canción no sabes lo que es el '"it". No sabes qué o quién está intentando rompértelo. Puede ser un amor frustrado, un trabajo monótono o una mezcla de muchas cosas. Para mí, hoy era el agotamiento. La sensación de que a las cuatro de la tarde ya se me caía el mundo encima de lo cansada que estaba. Y sí, seré una floja, pero llevo mucho tiempo alejada del mundo laboral y el cambio de rutina es duro.

Pero la gracia de esta canción es que la misma letra dice "even in your rains and shadows". Que incluso en los días de lluvia como hoy, o en los que todo lo veo negro... sigue gustándome lo que hago. Que me ha costado salir de la manta para ir a EFE, pero llevo sólo dos días y ya me encanta lo que estoy haciendo. Que después de comer me da una pereza inmensa salir hacia la radio, pero esa hora en las ondas no la cambio por nada. Y que estaré agotada, pero qué realizada y feliz me voy a sentir hoy cuando entre en el nórdico. 

Que, si me disculpáis, va a ser ya. 

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