Los primeros cinco días en EFE han sido intensos. Descontando el miércoles, que pasé con el resto de becarios de EFE en la bienvenida institucional a la agencia, no he parado quieta durante mis jornadas laborales. He estado en el Museo Thyssen, en la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones, en las sedes de CCOO y UGT, en el Colegio de Arquitectos, en la Biblioteca Nacional, en el Círculo de Bellas Artes con Alfonso Guerra y en la presentación oficial de Unidad Popular con Alberto Garzón. Micrófono arriba, cámara abajo, con un compañero becario y un cámara, absorbiendo conocimientos nuevos cual esponja.
Una vez más, el tiempo me ha vuelto a quitar la razón; rectifico para decir que estar en EFE TV me gusta mucho. Pensaba que, después de hacer la entrevista y dejar claro que lo que más me interesaba era la política... vaya, que iría directa a política. O a internacional. O, si me apuras, economía o tribunales. Algo que me mantuviese pegada a la actualidad. Cuando leí "televisión" en el e-mail de bienvenida a la agencia, se me cayó el alma a los pies imaginando mis mañanas encerrada en una oficina editando y montando. Pero hasta el momento sólo he pisado la redacción en ratos sueltos, tras andar por Madrid grabando, para (esta vez sí) aprender a volcar el material de la cámara y a editarlo.
También esta semana he tenido muchas primeras veces periodísticas: mi primer minutado en directo, mi primera rueda de prensa, mi primera pregunta al grabar un canutazo, mi primer desayuno informativo, mi primera acreditación de prensa... Sienta muy bien saber que estoy llegando a esos 'milestones' importantes como periodista, pero aún mejor saber que son los primeros de muchos.
Además, así es más reconfortante estar cansada cuando llega la hora de irse a dormir.
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